J. Jesús Blancornelas casi fue uno de ellos. En 1997, luego de un decenio de escribir artículos probatorios sobre el cártel de los Arellano Félix (puestos al descubierto por su acusación de que el principal pistolero contratado por los Arellano era David Barrón Corona, líder de la pandilla del Barrio Logan de San Diego), el automóvil de Blancornelas fue rociado de balas. Su chofer resultó muerto y él recibió cuatro impactos. Ahora viaja con una flota de guardaespaldas, que pudieron verse en pleno despliegue el año pasado en el Club de Prensa de Los Ángeles, cuando recibió el Premio de Periodismo Daniel Pearl al Coraje y la Integridad.
“Si estuviera asustado no escribiría”, dice Blancornelas en la austera sala de juntas de Zeta. “Pensé en retirarme, pero cuando vi que Jorge Hank iba a ser alcalde, me dije ‘tengo que seguir’ ”.
Actualmente ya casi han pasado veinte años desde el asesinato de Héctor Félix Miranda, pero éste sigue siendo el motor de la misión de Blancornelas en Zeta. Los asesinos de Félix están en la cárcel, pero el hombre que Blancornelas considera como el último responsable de ordenar el asesinato, Jorge Hank, no sólo está libre, sino que es el funcionario electo más alto de la ciudad. Para el editor, es una simple cuestión de atar cabos: los asesinos eran empleados de Hank, fueron pagados con dinero proveniente de Caliente y muchos creen que todavía sus familias están en la nómina de pago de Hank.
Vestido completamente de negro, Blancornelas se inclina hacia delante. “Si un animal tiene pico de pato, alas de pato, patas de pato y plumas de pato, ¿no diría usted que es un pato?”, pregunta mientras su boca se curva en una ligera sonrisa. “Si usted tiene guardaespaldas de mucha confianza, estos no van a actuar por su cuenta y decir ‘voy a matar así como así’. Algo que los guardaespaldas nunca deben hacer, es causar problemas a su jefe. Durante las investigaciones, se supo que salía dinero del hipódromo para estos asesinos que se habían dado a la fuga. Eso se probó. No hay duda.”
Hace algunos años el caso fue reabierto por la Asociación Interamericana de Prensa en conjunción con la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El primer periodista de Zeta directamente involucrado en la investigación, fue Francisco J. Ortiz Franco, quien también publicó una serie de textos críticos sobre los Arellano. Ortiz fue asesinado a balazos en 2004. Hank fue el primer sospechoso pero, una vez más, nunca se levantaron cargos contra él.
“Ortiz Franco se encontraba revisando el documento para la comisión de derechos humanos”, dice Blancornelas. “Tenía todos los elementos para iniciar una nueva investigación. Así que establecimos el involucramiento de Hank en su muerte como una hipótesis. En noviembre, uno de los pistoleros de los Arellano fue detenido y declaró que no habían sido los hermanos Arellano, sino Hank. Todavía no lo hemos probado, pero sigue siendo nuestra hipótesis principal”.
Blancornelas se mudó a Tijuana en 1960 y dice que de la larga lista de alcaldes que le ha tocado experimentar, ninguno alcanza la ineficiencia e ineptitud de la administración de Hank. Ésta es una opinión que no duda en compartir con los lectores de Zeta. Una portada reciente rindió tributo al primer año de gobierno de Hank con el título “El peor alcalde en la historia de Tijuana”; y otra, el mes pasado, desplegó una fotografía de Hank con una pila de dinero en la mano, sobre la que se leía “Incapacidad, engaño y frraude”.
“La diferencia con Jorge Hank es que no es un político”, dice Blancornelas. “Nunca antes tuvo un puesto político. Tampoco es un administrador como algunos otros alcaldes que salieron del mundo de los negocios. Lo que significa, que no está acostumbrado al diálogo, a las pláticas, a la negociación o a escuchar a la gente que sabe cómo administrar o dirigir. Él sólo está acostumbrado a ordenar, a hacer lo que quiere; lo que piensa es lo que se supone debe hacerse”.
Clave para Blancornelas es la estrecha amistad familiar que Hank heredó de su padre con el jefe del PRI y actual candidato presidencial en México, Roberto Madrazo. Blancornelas cree que Hank quiso ser alcalde no por una aspiración política, sino por un mero capricho, un deseo personal que sólo pudo llevar adelante por su íntima relación con los cículos de poder de Madrazo. “Para un hijo del privilegio como es Hank”, afirma Blancornelas, “decir que quiere ser alcalde es como decir que quiere el último Mercedes-Benz. ‘Quiero ser alcalde’, y sucedió”.
Más allá de los motivos personales para exhibir y criticar a Hank, Blancornelas ve a la propia gente de Tijuana como su mayor víctima. Desde que Hank asumió el cargo, Tijuana ha sufrido una ola de violencia sin precedentes que, en 2005, incluyó un número record de secuestros públicos de prominentes hombres de negocios, asesinatos de oficiales de policía y, lo más sonado, la muerte del padre Luis Velázquez Romero, un sacerdote local conocido antes sólo por su trabajo social.
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